laberinto

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Barcelona

miércoles, 19 de mayo de 2010

Mi metamorfosis en esta lucha estudiantil



Soy una mujer de casi treinta años y hace varios regresé a vivir a casa de mis padres para poder culminar un sueño: graduarme de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico. Aunque siempre estuve matriculada en el programa nocturno, comencé con un horario completo en el programa diurno, pero ya para el segundo año y con los préstamos en jai, tuve que regresar a trabajar como maestra. Entonces, decidí y acepté que me graduaría en cuatro años y aunque mi corazón siempre será Lex 2009, mi graduación sería con la Lex 2010.

Hoy, es 19 de mayo de 2010 y mientras mis compañeros reciben su Pass or Fail de la reválida de marzo, la alarma de mi celular acaba de sonar: no olvides –HOY- es [era] tu examen final de notarial. Curso mi último semestre de derecho y estoy [estamos] en ascuas sobre si terminará o no. Peor aún, porque según el decano el semestre no se pierde –“nadie puede estar tan loco, como para empezar desde cero” dijo, desconozco si podré revalidar en septiembre. La administración nos ha sugerido a los y las candidatos de graduación que continuemos con nuestros planes; repaso de reválida ($1,000) y solicitud de reválida ($500) pero no han podido asegurar si lograrán entregar –de parte de ellos- toda la papelería a tiempo. Es un acto de fe.

Hace más de un mes se celebró una Asamblea Extraordinaria en la Escuela de Derecho; entre varios de los temas se discutió la posibilidad de huelga; en ese momento se tildó de irresponsable decir que Derecho diría no a la huelga, se dijo que era prematuro, y el autoconvocado comité de huelgas de derecho se fue en brote. Aun así, los parias nos mantuvimos contra la huelga y como se creó un impasse, no faltó quien se aventara y redactara una moción. Era una de esas incomprensibles, de las que tienen tantas condiciones que se pierde la esencia y se votó. Una moción que caducaba a horas de secundada. Derecho había dicho, NO a la huelga condicionado a si Juan no pasa la tabla, María sonríe tres veces y entre los dos hacen un niño, todo, sin que cambien las circunstancias antes de las 12 porque nos convertimos en calabaza.

Una semana después, el martes 13 de abril se celebró la Asamblea General de Estudiantes del Recinto UPR. Como estudiante responsable, asistí y voté en contra de la huelga, por encontrarla prematura. No me parecía que era el momento indicado y claro, el interés personal de graduarme me recordaba que los préstamos estudiantiles están a punto de llegar al buzón, las ofertas de trabajo son escasas y el esperar a una juramentación en verano del 2011 sería muy oneroso. Voté y perdí. Con la cabeza en alto y reconociendo el proceso democrático, recogí vela y mis 10 expedientes de la Clínica de Asistencia Legal y a Dios que reparta suerte. Otro acto de fe.

Pasaron los días, las semanas, el nivel de ansiedad; las recetas de antidepresivos, ansiolíticos y alcohol, entre otras cosas, parecían aumentar y nos veíamos cada vez más lejos de desfilar con el birrete ese de la bolita violeta. Las personas comenzaron a desesperarse, y aún sin haber ido a las asambleas anteriores, grupos se organizaron para promover una segunda asamblea de estudiantes. La presión fue tal que el Presidente del Consejo de Estudiantes, decidió motu propio, llevar a cabo una segunda Asamblea. Se convocó a todo el estudiantado, se facilitó el Centro de Convenciones (ahora Pedro Rosselló), había urnas de la Comisión Estatal de Elecciones por si se decidía votar en secreto y llegaron 2,800 personas.

2,800 compañeros y compañeras de una matrícula de 18,000 aproximadamente ¡Qué dejadez! Pero, peor aún…. Cuanta desfachatez hay que tener para, no haber ido a esa Asamblea y ahora quejarse. El remedio nos lo dieron, lo tuvimos amarrado al brazo derecho en forma de bandita azul y ustedes lo dejaron pasar; el que se quedó en su casa y estaba en contra de ratificar la huelga; votó silentemente por la ratificación. Los casi 100 que alzamos la mano en contra, con valor, gallardía y bajo aguaceros de insultos y malos ratos, votamos y a toda honra perdimos.

Al otro día: todo cambió.

La Universidad despertó rodeada, como en los tiempos medievales, de mastodontes que responden a un estímulo cual perros de Pavlov y salivan de igual manera. Esa escena sumada a la ridícula y famosa orden de permitir la intervención de esos gorilas con todo aquel que le llevara comida o agua a los estudiantes dentro del Recinto. Y desperté: desperté de mi sueño, de mi vida y entendí que era hora de dar…no macanazos, pero energía positiva para la negociación. En ese momento, se abrieron las costuras de la mala fe y se hizo obvio que la intransigencia nos llevaría a la destrucción.

Vivimos en un país democrático y sí, mis derechos terminan donde empiezan los tuyos…pero hay que jugar de buena fe; quien no haya participado del proceso debe aceptar la realidad. No se vale colarse en la fila de la burocracia.
No soy huelguista, ni revolucionaria, tampoco uso chancletas de Jesucristo y me afeito las piernas; pero me he convertido. NO en uno de “ellos” como quieren hacerlos ver, si no en una universitaria con conciencia colectiva que respeta los procesos del sistema y supo calendarizar todas las asambleas, participar de ellas y aceptar las decisiones. No estoy para rabietas ni tantrums de niñitos de head-start.
Para mí, las huelgas no son nuevas…por eso no las avalo, reconozco sus inconvenientes, pero, así también puntualizo que esta ha sido distinta: 11 recintos, 1 Universidad… y los reclamos, después de mucho análisis y estudio, los encuentro válidos.

Entré al sistema de la Universidad de Puerto Rico en el ’93… ¡recuerdo cuando llegó la carta que decía que había sido admitida a la UHS!

Llegué de afuera, de los de la comunidad, de los 50 que sobresalen en el examen que anualmente toman más de 500 esperanzados. En el ’92 mi madre; desesperada por ofrecerme una excelente educación pero maniatada por no poder costear alguno de los colegios que la ofrecían, se enteró que existía una escuela para estudiantes académicamente talentosos…muchos fueron los y las que le dijeron “nena, bájate de esa nube que eso es para hijos e hijas de profesores y gente con pala” pero mami, no claudicó. Mi hermana es UHS 2003 y yo 1999: mi papá es músico y mi mamá en ese momento no había completado su formación universitaria. Juan y Juana del pueblo habían logrado el primer paso para que sus hijas subieran un escalafón académico.
Soy hija de la bohemia y la razón, de la bullanga y la emoción. Soy hija de trabajadores puertorriqueños, de esos que viven mes a mes. De esos que velan el camión de la luz por la ventana y de vez en cuando el del agua también. Soy hija de la sobrevivencia :)

Mi formación académica fue excelente. La Escuela Superior de la Universidad es un laboratorio pedagógico para los futuros maestros matriculados en la Facultad de Educación de la Universidad de Puerto Rico. Además, para los iuechesianos es un laboratorio de vida.

De U.H.S tengo dulces y amargos recuerdos. Entre los amargos estuvo el aceptar el nivel socioeconómico y entender que cuando no se puede, no se puede. Casi siempre iba a la escuela en leggins y t-shirt o en algún mahón marca genérica; se hacían dos compras anuales de ropa: una en verano y los regalos de navidad. Tan era así que recuerdo un lunes decir, “mañana es martes, tengo varias horas libres deja ver si me visto más bonita” y el compañero que estaba al lado me contestó “te pondrás el bodysuit ese…el del zipper”…. Él, tenía razón.


En adición a la ropa, la transportación era un lío. No había tren urbano. Durante los primeros años, mi madre nos montaba en el carro a las 5:45am; llevaba a mi hermana a la escuela especializada de ballet, a mí a la UHS y regresaba a Bayamón para que mi hermanito estudiara en una escuela pública modelo. Desde el 1997, se ahorró el viaje a la “Julián”…mi hermana estaba conmigo. En las tardes, muchas veces regresaba a casa en guagua; la ruta de la 52, casi tres horas para llegar a Bayamón.

Fuimos de las familias que nunca pagaron los $100 de la cuota anual de la Asociación de Padres y Maestros: simplemente no había dinero.

Pero nada de eso amainó mis deseos de estudiar: la educación me daría libertad. Lo he escuchado tantas veces de la boca de mi padre, que es mi mantra.

En la UHS descubrí que soy malísima para los deportes, que aunque soy muy fexible; no puedo brincar, lanzar ni atrapar. También entendí que no entendía, ni entiendo, los números. Pero, sobre todo, en la UHS descubrí que el universo es infinito al igual que las posibilidades de crecimiento en este país, todo con la base adecuada de educación. Me interesé por el área del conocimiento por tanto, cuando llegó la hora de solicitar ingreso a la Universidad de Puerto Rico-Recinto de Río Piedras, entré por sicología….luego, en el verano y antes de comenzar el primer semestre, cambie a educación: sería una misi.

En la UHS, el no ir a la Universidad ni se menciona y el irse a una universidad fuera de la IUPI o Mayagüez no se promueve, para mí el ejercicio fue pasar de ser 99-033 al 801-99-2817.

Entré a la IUPI-Río Piedras en el ’99. ¿Cómo lo hice? ¿Cómo lo pagué? Double-dipping!

Hice dos bachilleratos en cinco años. Terminé el primero en 3.5 y al verme tan joven me dije “¿y ahora qué hago?” y estudié italiano y francés. Después de todo, era prudente experimentar conmigo misma todas esas teorías de adquisición de segunda o tercera lengua que había estudiado en mi primer bachillerato de enseñanza de inglés a hispanoparlantes. Como en mi casa el valor principal era la educación yo iba a la Universidad convencida que debía sobresalir y así fue, era top faiv de mi facultad y bottom faiv según la tabla de ingresos para recibir Beca Pell. Por lo tanto, la Universidad invertía en mí y los federales me pasaban una mesada; con la que compraba todos mis libros, mis materiales (en educación se hace mucha garambeta y presentación) y pagaba la gasolina del carro que me compré: un Cutlass Supreme del ’90 que era de mi madre y ella me lo vendió por el módico costo de: mi primer préstamo estudiantil. Además, cubría todos mis gastos de salidas y mi celular. Claro, que a eso se sumaba que trabajé a tiempo parcial la mayoría del tiempo: desde servicio al cliente en una tienda de productos de fiestas, asistente de producción de teatro y mis buenos dos años en Foot Locker de Plaza Las Américas…!donde me decían misi desde antes de graduarme!

Si aun con el famoso double-dipping tenía que trabajar ¿Cuán difícil, por no decir imposible, hubiera sido sin esa oportunidad?

Y eso es lo que quiero, para los que como yo, lo necesiten...porque con esa oportunidad me gradué Magna Cum Laude y me fui a vivir a Nueva York en la comunidad hispana del Barrio y aquellos y aquellas familias veían en mi, una mujer de la Isla que contra viento y marea había decidido aportar a el guetto lo que aprendió en la yupi. La experiencia fue maravillosa….

Lástima que poco a poco se fue llevando a la mujer agradecida de la Universidad, a la que no se perdía una obra en el Julia, a la que no fue a las Justas por no considerarlas ambiente realmente universitario, a la universitaria empática, llena de vitalidad que hurgaba todas las esquinas de la librería para comprar artículos que dijeran UPR-Rio Piedras: Jerezana.

Y me enfrasqué y decidí que quería más; que el salón era muy pequeño para mí…que quería impactar más personas y opte por Derecho.

Y estudié cuatro años; muchas lágrimas, sacrificio, facturas, deudas (casi una hipoteca) y este último semestre, parece que olvidé que antes de verme desfilar debía mirar en retrospectiva y analizar ¿Cómo llegue aquí?

No estoy a favor de la huelga, pero creo en la libertad de expresión y asociación. Además repudio la violencia y confrontación. Compañeros y compañeras, ya estamos en el embrollo…se dió la oportunidad para levantar la huelga y al contrario, se ratificó. ¡Bueno que pase! Porque la Universidad es de todos y todas y todos y todas tenían que actuar. Ahora, ahora hay que negociar.

Estoy a punto de no poder revalidar en septiembre, perder una oferta de trabajo para octubre y volverme loca… pero, estoy cómoda en mi propia piel; hice lo que pude y más allá de ir en contra de la corriente comprendí el verdadero significado de la democracia. El pueblo somos uno y si para que mis hijos, hijas, primos, primas, sobrinos y sobrinas, puedan ser 801 tengo que esperar un año más para yo ser licenciada, ese es y será sólo uno de los muchos sacrificios que haré por ellos…después de todo…es un tercer acto de fe.

3 comentarios:

Paola dijo...

Tremenda columna amiga. Son muchos años llenos de sacrificios y trabajando fuertemente día y día. Ojala que se logre una pronta resolución al conflicto, por el bienestar de tod@s l@s estudiantes, particularmente de l@s graduand@s como tú.

Anónimo dijo...

"Soy hija de la bohemia y la razón, de la bullanga y la emoción. Soy hija de trabajadores puertorriqueños, de esos que viven mes a mes. De esos que velan el camión de la luz por la ventana y de vez en cuando el del agua también. Soy hija de la sobrevivencia :)"

Wow, acabas de describir mi existencia...Hija de un músico, del mes a mes y de los zapatos de la Gloria. Anónima de la Calle ;)

Dianyelis dijo...

Gogoolee…. “ejemplos de escoges revalida, Derecho de Familia”, en un intento infructuoso de encontrar alguna herramienta para practicar tan adorable pero abrumadora materia; y apareció tu blog!.
Busque en la totalidad de tus entradas, hasta encontrar la que precisamente hablaba de derecho/revalida, y finalmente llegue aquí. Y entre papeles, sacrificios, noche sin dormir, intensos llantos, profunda lagrimas, días llenos de sol y noches llenos de lentejuelas… de cara a midterms que me intimidad y me retan y en un proceso de entender que en derecho no siempre voy a sacar A, quiero decirte que tu entrada es INSPIRACION…. De esas que cuando las lees se te erizan los pelos! Éxito… y sigue regalándole al mundo palabras reales!!!
Dianyelis

PD. Te invito al mio, un tanto diferente pero lleno de cinismos, carcajadas y llantos, característicos de mujeres solteras, profesionales que saben lo que quieren y no se conforman!!!

rebeca-asinacio.blogspot.com/